La Sirenita: dos historias más que contar sobre el amor

El amor no correspondido

Es de noche, yo tengo algunos años ya en el mundo, me preparo para dormir. Mi madre se pasea por ahí recordándome que debo lavar mis dientes. Ya en la cama espero con impaciencia mi parte favorita de la noche: el cuento.

Siempre hay muchos por elegir, mi adorada madre se encarga de que tenga variedad, a mi padre le gusta más improvisarme los relatos, pero hoy quiero que sea ella quien me cuente la fiel historia.

De un libro con cuentos clásicos elegimos uno. Es sobre mis criaturas favoritas y sobre la película de Disney que más repito: La Sirenita.

Empieza la historia. En el fondo del mar… y yo me calmo siguiendo el cuento en mi imaginación. Como casi me sé la película de memoria pienso con la inocencia de los años que será lo mismo. Sin embargo detalles van cambiando. A la sirenita le han cortado la lengua, su cola de pez fue mutilada como si un cuchillo la partiera en dos, le duele caminar como si pisara vidrios rotos.

El trágico desenlace me parte el alma. Ella se ha convertido en espuma de mar sin conseguir el amor de su príncipe. Aunque el triste final podría disgustar a muchos niños, a mí me conmueve. La Sirenita se ha vuelto mi cuento favorito a partir de esa noche.

Llevo el recuerdo de la primera vez que escuché el verdadero final y de la primera vez que lo leí por mi cuenta. Cada que lo repito sigo sintiéndome igual, una mezcla de compasión, dulce tristeza y maravilla.

A mis catorce años comprendo por primera vez la necesidad de la joven sirena por darlo todo al ser amado y comparto el rechazo por igual. La imposibilidad de un amor que duele tanto que quisieras arrancarte el corazón.

En la preparatorio descubro un dato muy interesante sobre el cuento y su autor; Hans Christian Andersen, quien ya se ha convertido en mi ídolo literario y modelo a seguir.  La Sirenita es una carta de amor no correspondido.

Andersen, un hombre de corazón noble y tierno se ha enamorado de hombres y mujeres por igual y siempre ha sido rechazado. Esta vez parece que las cosas no cambiarán. Su corazón se halla prendado de su más querido amigo: Edvard Collin.

Me da un vuelco el corazón al leer aquello, yo que sigo cargando el dolor de haber sido rechazado por mi mejor amiga.

Consciente de que la época no lo dejará nunca expresar aquello tan abiertamente como hoy podría hacerse, le escribe una carta.

“Languidezco por ti como por una joven calabresa… mis sentimientos por ti son como los de una mujer. La feminidad de mi naturaleza y nuestra amistad deben permanecer en secreto”

Pero esta carta solo la envía cuando se entera de que Collin va a casarse. La envía junto a una copia de su cuento más reciente. Si, el cuento de La Sirenita.

Aquella historia se convierte, entonces, en su única forma de expresar lo que siente, sin temor a las represalias de quienes lo leen. Y así como la pequeña sirena se transforma en humana para alcanzar al dueño de su corazón, Andersen transforma sus sentimientos en cuento.

Y al Igual que en la historia original, el hombre y la sirena deben conformarse con un final alterno, en el que el único consuelo que les queda es su inmortalidad.

La sensación de compañía que me da aquello no puedo obtenerlo en ningún otro lado. Yo que también me había enamorado de mi mejor amiga, yo que también veía como ella elegía a otro, mientras me convertía en espuma de mar.

El amor propio

Volviendo al presente, no hace muchos días alguien compartió un artículo que me dejó sorprendido cuando lo leí. Se trata de la presentación del libro del autor Juan Galván, antropólogo y filósofo, titulado La transexualidad en el mundo mágico de La Sirenita.

Un ensayo alejado de esta aura romántica, bella y triste del cuento, con una argumentación interesante, expone la tendencia de una niña trans que pide a su madre le lea el cuento todas las noches.

Dentro de su artículo de presentación habla sobre como la lectura e interpretación de la niña es una forma de acceder al tono real y a sus preocupaciones reales.

Me resulta tan curioso aquello, porque yo, incapaz de reconocerme trans hasta los veinte años, sentía y siento la misma fascinación que la niña.

En alguna parte del texto, el autor concreta que ella se siente validada cada que su madre le lee el cuento, porque encuentra en el personaje de La Sirenita un espejo donde mirarse.

Y cada frase de aquel pequeño análisis que da introducción al libro me recuerda porque la literatura infantil es tan importante en la vida de los niños y niñas. Especialmente aquellos que pertenecen a una diversidad que rompe la norma, cualquier tipo de norma.

Escribir como Hans Christian Andersen, poniendo el corazón de nuestros propios sentimientos, en historias llenas de fantasía y color, les da la oportunidad a más jóvenes a entenderse y construirse con base en la literatura fantástica.

Los cuentos de hadas permiten remover los cimientos personales de los lectores, resolver los conflictos y colaborar para encontrar el sentido a la vida. Reconoce el escritor Bruno Bettelheim en su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas y lo repite Galván. Y lo repito yo, porque nunca me cansaré de defender el derecho de los más jóvenes a disfrutar de historias que puedan acompañarlos en cada transición de su vida. Espejos con letras que les ofrezcan mundos donde pueden permitirse ser quienes son.

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