Las historias también florecen en el abismo

El niño que luchó contra el vacío usando solo libros y un lápiz

¿Alguna vez has sentido que el mundo pierde color? Que las cosas dejan de tener sentido alguno y los caminos se borran del mapa. Tal vez, querido lector, no te sea extraño saber que eso me pasó a mí, porque lo he dicho en otras ocasiones. Sin embargo, hoy quiero contarte la historia completa.

Existe una creencia muy poco acertada sobre estar deprimido. Las personas comúnmente creen que se debe a alguna situación o suceso específico, y aunque algunas personas si pasan por este tipo de duelos, la mayoría ni siquiera saben que están yendo cuesta abajo.

Es un recorrido que no se ve hasta que has llegado al final. Cada paso, cada día, cada hora, esa rutina monótona que has llevado (que llevaba) como un círculo vicioso del cual no puedes salir, te acerca a esta oscuridad. Y cuando has alzado la mirada para buscar la salida… no hay nada.

Algunos días lloraba sin consuelo en el piso de mi cuarto, atormentado por el vacío que crecía y crecía sin poder detenerlo. Otras veces no era capaz de sentir algo, solo me movía por la inercia, como una muñeca. Nada valía la pena el esfuerzo. Vivir era solo una rutina para no morirse.

Eso era extraño, no tenía pensamientos sobre la muerte, de hecho en ocasiones me asustaba ese pensamiento: “Morir justo ahora que no he logrado nada, que horrible”. Por eso mismo continuaba y continuaba y continuaba.

Y seguro que ahora te preguntas ¿y tu familia? ¿Y tus amigos? ¿Ellos no podían ayudarte? Ojalá que la respuesta no te entristezca, pero no. Mi familia había cargado de expectativas su incondicional amor y yo no quería defraudarlos. Mis amigos estaban lejos, al menos aquellos con los que podía ser yo sin restricciones. Éramos solo yo y mi niño interior contra este monstruo.

Al principio conseguí refugiarme en tareas mecánicas. A los días más difíciles les hacía frente con un buen libro. Los libros me refugiaron como lo habían hecho cuando tenía catorce años. Lo mejor fue disfrutar de la Feria Internacional del Libro, aquello me daba algo de color. Por un par de días volvía a sentirme vivo. Vivo de verdad. Sin embargo eso no duraba mucho.

El efecto se extendía al leer los libros que había comprado durante esos mágicos días pero se acaba demasiado pronto.

Busqué ayuda, encontré ayuda y me sentí mejor aunque aún no encontraba el sentido de mi existencia. ¿Para qué estoy aquí? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Es este el camino correcto? ¿Por qué se siente como si siguiera perdido?

Miles de dudas en mi cabeza daban vueltas y vueltas, giraban, se enredaban y enloquecían. Yo enloquecía.

Sé que muchos hablan de la vida como una rueda de la fortuna, en donde a veces estás arriba y otras abajo, pero la mía se sentía más bien como un martillo. Aquel juego mecánico al que te subes y de forma vertiginosa sientes que caes al vacío, para luego volver a subir y mirar el cielo azul por un instante.

Y así como el héroe que pasa por la caída, yo sentía que perdía esperanzas de algún día volver a ser feliz.

Entonces comencé a escribir de nuevo.

Navegando encontré un impulso para continuar, a pesar de seguir enloquecido. Una mujer intrigante me habló a través de un cristal y me dijo que podía lograr aquel sueño que tenía abandonado. Ya no tenía nada que perder así que seguí sus consejos.

Tomé el lápiz y volví a crear.

Coloreé todo de forma manual. Era agotador pero me dejaba satisfecho. Tuve que entender que el camino construido por mis antecesores no tenía que ser MÍ camino. Adentrándome al bosque, volvía a buscar respuestas y encontré palabras que nunca antes había visto, mundos que había olvidado.

Hice las paces con aquel monstruo. Descubrí que era una de sus tantas formas, encontré bajo su oscuridad el reflejo de mis temores. Solo era una criatura asustada por mi soledad.

Todavía, a veces olvido ese sueño, ese sentido de vivir, de experimentar y crecer. Siento que ese vacío ha hecho un hueco en mi corazón para toda la vida. Es un hueco que no puedo llenar con cosas materiales. Sin embargo creo que puedo plantar semillas de girasol en él.

Libros para superar la tristeza o acompañarla

Es muy duro luchar contra una depresión sin tener ningún tipo de arma así que quiero dejarles un par de libros que podrían acompañarlos en esta travesía. Son libros ilustrados porque el mejor guerrero contra la desilusión es nuestro niño interior. Él va a pelear aunque su compañero de armas solo sea un gato glotón que duerme todo el día.

LA ENORME NADA María Baranda

La enorme nada

La nada puede tomar diferentes formas. A veces es enorme, oscura y se esconde debajo de la cama; otras, está en la mesa donde todos hablan o callan, o es también el paso lento de las horas sin poder salir a jugar. Pero cuando expresas lo que quieres, esa enorme nada se convierte en una pequeña, pequeñísima nada, hasta desaparecer.

VACÍO Anna Llenas

Vacío Anna Llenas

Una vida apacible y feliz puede verse truncada de repente por la toma de conciencia de un gran vacío, un agujero que nos atraviesa el pecho y nos lanza de inmediato a una forma de vida que no sabemos cómo llevar

LA PEQUEÑA TRISTEZA Anne Herbauts

La pequeña tristeza

Ese día, el sol no brilla para el pobre Archibaldo. Una nubecilla, una pequeña tristeza, lo persigue a todos lados. Archibaldo trata de huir de todas las maneras posibles sin éxito

EL ÁRBOL ROJO Shaun Tan

El árbol rojo

Una joven camina cabizbaja por las calles de un mundo surreal, nadie entiende nada y el mundo es una máquina sorda sin sentido ni lógica. El futuro se percibe como una amenaza y la soledad se suma a la confusión. Sin embargo cuando parece haber perdido toda ilusión aparece inesperadamente, misteriosa y luminosa, la esperanza.

EL ABRIGO DE PUPA Elena Ferrándiz

El abrigo de Pupa

Ésta es la historia de Pupa, la niña que escondía sus miedos bajo su abrigo y salía a la calle envuelta en ellos. Porque Pupa tenía miedo a la soledad, a que no la quisieran e incluso a que la quisieran, miedo a volar, miedo a estar perdida, miedo a que todo cambie, miedo al futuro, miedo a los demás e incluso, miedo a ella misma.

Y finalmente, un libro para levantar la mirada después de la tormenta.

BUSCAR Olga de Dios

Buscar de Olga de Dios

Un cuento lleno de cosas, de personajes, de palabras para buscar con un mensaje que encontrar. Porque nos pasamos la vida buscando alcanzar objetivos, metas y olvidamos disfrutar del momento, del lugar y de las personas verdaderamente importantes.  A esas personas que permanecen a nuestro lado es a quienes dedico esta historia, espero que os guste.

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Recuerda que si pasas por momentos tan malos o piensas que tienes depresión no dudes en buscar ayuda profesional. Los psicólogos están un poco zafados pero son buena gente, te lo aseguro. Llevar un acompañamiento le dará un respiro a tu cabecita, que si te da tantas vueltas como la mía, créeme que lo necesitas.

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