Como iniciarse en la literatura infantil

Cuando tienes el corazón de un niño

Los adultos suelen repetir que cuando creces se te acaba la magia. Deja de existir esa ilusión por los detalles más nimios de la vida. Ya no te sorprende la metamorfosis de una mariposa o la lluvia dejando charcos en las calles. Crecer es madurar, madurar es afrontar la responsabilidad de volverte monocromo.

Siempre tuve miedo que eso me pasara. Día y noche pensaba en el día en que también sería adulto ¿Perdería todos mis sueños? ¿A dónde se va la magia? Me preguntaba, mientras miraba estrellas brillantes. Con ese temor me aferré a todo lo que creía hasta la secundaria.

Recuerdo perfecto que tenía catorce años y seguía dejando tapitas con miel para duendes y hadas por toda la casa. Leía sobre seres fantásticos sintiendo en mi corazón que eran reales, solo que yo no podía verlos. Triste y esperanzado, crecí intentando que el corazón de mi niño interior no se rompiera.

Cuando llegué a cierta edad me di cuenta de que no podía seguir hablando de mis creencias con tanta soltura.

¡QUE LOCURA! ¡UN JOVEN DE DIECISIETE AÑOS CREYENDO EN SIRENAS Y DRAGONES!

Así que busqué un refugio para mi corazón. Lo hallé en los cuentos infantiles; libros de ilustraciones preciosas y mensajes llenos de cariño y magia. Ahí lo guardé y ahí echó raíces.

De esa forma floreció mi amor por la literatura infantil. Sentía la necesidad de maravillarme de nuevo con el mundo a mí alrededor. Volver a saltar sobre los charcos de agua, volver a jugar con las catarinas sobre la palma de mi mano.

Para mí (y seguramente para muchos otros) fue sencillo volver a tomar libros ilustrados, pero sé que no todos guardaron su corazón de niño con tanto cuidado, por eso voy a darles un par de consejos para volver a adentrarse a ese mágico mundo que es la literatura para niños.

Los clásicos

Sin duda alguna recordamos de nuestra infancia aquellos libros clásicos como Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver o éste muy sonado (que yo desconocía) llamado Mi planta de naranja lima. Además de muchos otros como Platero y yo, Corazón y los inolvidables cuentos de Charles Perrault. Estas historias las guardamos con gran cariño porque en su tiempo nos fascinaron con personajes y aventuras que apenas podíamos imaginar.

Me gustaría señalar que mucha de la literatura infantil que consideremos clásica no había sido escrita para los más jóvenes. En aquellas épocas el concepto de infancia no era todavía concebido como lo pensamos ahora. Por eso las lecturas solían ser un poco crudas y desazucaradas, lo que espanta a muchos adultos de hoy en día.

Con el paso del tiempo estas historias fueron pasando a manos de más niños y, mientras se forjaba la idea de que un niño no era un adulto pequeño sino que tenía una forma distinta de ver el mundo, se alzaron con sus Cuentos para la infancia y el hogar los hermanos Grimm. Tampoco podemos dejar de mencionar al famoso Hans Christian Anderson, de quien ya les he hablado un poquito en otra entrada.

La importancia de leer a los clásicos creo que no debo resaltarla a quienes ya están entrados en este mundillo de la literatura pero a quienes todavía andan a oscuras pronto les tendré una entrada sobre ello.

Como cuando sabes de literatura pero no de literatura infantil

Hablando de los clásicos, hace poco me di cuenta de que muchos conocedores de literatura se quedaron en ellos. Yo era uno de esas personas hasta hace poco, cuando decidí mirar por aquí y por allá, descubriendo una gama terriblemente grande y hermosa de libros infantiles (y por qué no, libros ilustrados para jóvenes).

El único autor que yo conocía con una calidad inmensa en ilustración y escritura era Benjamin Lacombe, ilustrador francés a quien tuve la oportunidad de conocer en una feria del libro. Sus historias me dejaron atrapado y maravillado pues parecían hechas con el cuidado suficiente que merece la literatura infantil. Y entre su gama más dulce también encontré algunos más crudos.

Debemos comenzar a admitir que los niños de ahora no son los niños del pasado. Ellos conviven con realidades muy diferentes; padres separados, familias homoparentales, hijos únicos, que viven con los abuelos, con amigos neurodivergentes, sin estereotipos de género, etc. Mucha de la literatura de antes ya no sirve para reflejar el día a día del niño o niña. Como ya dije, leer los clásicos es importante pero leer a los contemporáneos debería ser prioridad.

Hacer un poco más de investigación antes de soltar los libros de siempre cuando alguien te pregunta: “¿Qué me recomiendas para un niño de x edad?”. También saber diferenciar un libro educativo de uno de literatura.

Una lectura didáctica ayuda para resolver muchas cuestiones que competen a los infantes, pero muchas veces podemos encontrarnos con lecciones moralistas muy marcadas. Lecciones que podemos encontrar en otros libros sin que suponga un deterioro de la calidad literaria. Yo animo a que dejemos la didáctica para la escuela y la diversión para la casa. Aunque no satanizo ni nada por el estilo el uso de estos cuentos.

Y después de la teoría…

Ya que todos nos hemos instruido un poquito más en el mundo fantástico de la literatura infantil, creo que es hora de pasar a la práctica.

  1. Lee

¡Todo lo que puedas! Te recomiendo pasearte por tus librerías más cercanas y mirar lo que hay en la sección de niños. Así es más fácil estar en contacto con los títulos más recientes, esos que se amoldan a la época que vivimos. Si no tienes una librería cerca también puedes mirar por internet. Amazon es una plataforma que se ha vuelto muy popular para la venta de libros.

  1. Imagina

Es misión imposible querer conocer la literatura infantil sin la imaginación. Los libros infantiles fueron pensados para los niños, la forma de ver las cosas de los niños es distinta a un adulto. Busca ese niño interior tuyo y lee mil y un veces el mismo cuento buscando siempre mensajes distintos.

  1. Cuenta

El mejor maestro en este arte son los niños. Cuentales las historias con entusiasmo y escucha sus opiniones. A veces, aún después de leerlos y analizarlos, hay percepciones que se nos escapan por ser tan rígidos o lógicos (o poco lógicos, también). Los pequeños siempre tienen nuevas formas de sorprendernos con sus lecturas y valoraciones.

  1. Crea

Ya sea para tus hijos, sobrinos o nietos, ya sea para los niños del mundo. Crear nuestra propia literatura fantástica con la problemática del presente puede ayudarnos a entender más de los libros infantiles. ¡No tengas miedo de sacar tu vena de escritor! No tienes que dar luz a un besteller, solo divertirte.

  1. Conoce

En esta era de la tecnología, donde siempre estamos a un mensaje de distancia, conocer a los grandes creadores de literatura infantil es muy sencillo. Especialmente en Facebook, puedes encontrar a los ilustradores o escritores de los libros favoritos de tus hijos. Tener esta oportunidad de interactuar te ayudará acercarte a este mundo de cuento de hadas.

Y para no dejarlos a ciegas les dejo una lista de 16 mejores libros para niños y jóvenes del año pasado. Es una lista seleccionada por especialistas en la materia y que he mirado detenidamente para dar el visto bueno (¡Como si yo fuera importante ja, ja, ja!).

¡Disfruten sus lecturas!

¡Más por leer!

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