LÉEME

Las personas nos comunicamos de formas distintas. Yo, por ejemplo, mi forma de hacerlo es mediante la lectura, sin embargo mi hermana menor no comprendía mi lenguaje.

Ella nunca tuvo un interés por leer, por más que mi madre y yo insistiéramos jamás logramos interesarla. Mi madre, eventualmente se rindió. Para mi rendirme no es una palabra que este en mi vocabulario.

Todos los días buscaba un libro nuevo que le llamara la atención porque estaba desesperado por conectar con ella. Comencé con lecturas sencillas pero con contenido, libros ilustrados que contaran historias de calidad. Mi hermana siempre encontraba alguna palabra que la hiciera desistir de continuar leyendo.

En cada feria de libro, en cada librería o biblioteca le preguntaba qué tipo de libros le gustaría leer. Me preocupaba por las cosas que a ella le gustaban, lo que amaba hacer. Gasté mucho de mi dinero en libros que al final quedaban arrumbados pero no desistí.

Mientras buscaba un autor, una historia o un tema que le llamara a leer, también seguía comprando libros para mí. Quien diría que esa sería la solución.

Un día de vacaciones, mientras yo pasaba por una etapa oscura, me refugié en un libro llamado El chico de las estrellas. Aquel libro lo saboree todo lo que pude hasta que no pude alargarlo más y se terminó.

Como deseaba releerlo lo dejé en mi cama. Mi hermana lo encontró y ya la encontré a ella leyéndolo.

Era un libro sin dibujos, puro texto, una novela juvenil. Yo había intentado novelas cortas antes con ella, porque a sus catorce años pensaba que estaba lista, ella nunca las terminó. Y ahí estaba, a la mitad del libro, disfrutándolo.

Para los adolescentes la lectura suele ser sinónimo de aburrimiento. Esto se debe a que, muchas veces, en casa leer es una obligación, una tarea más de la escuela. Mi madre le insistía a mi hermana que leyera, siempre a modo de reproche por la apatía que sentía hacia los libros. Yo le insistí para acompañarnos en un mundo distinto.

Al mismo tiempo que buscaba libros para ella no dejé de leer yo. Predicaba con el ejemplo al emocionarme por las historias que leía, al hablar de ellas como si fueran contadas por viejos amigos.

Y aunque mi hermana me tachara de loco algo de esa locura se le terminó pegando.

Si tú, como yo, tienes a alguien que quieras introducir en la lectura, ya sea hermanos, amigos, familia o hijos, debes ser el ejemplo. Leer, leer y leer. Es el primer paso. Llena tu casa de libros, de todas formas y tamaños, deja que los vean, que los huelan, que los hojeen y los dejen en su lugar. No desistas. Sigue leyendo porque puede ser que algún libro tuyo sea el que les abra las puertas a este mundo a ellos.

Aquí te dejo algunos consejos para fomentar la lectura empezando desde casa, también pueden funcionarte si eres maestro, bibliotecario o difusor cultural ¡Todo está en ponerle pasión al leer!

 

1.    Sé el ejemplo

Voy a repetir el punto que ya les había explicado porque es muy importante. Como todo en la vida, la lectura solo puede compartirse cuando eres tú quien la disfruta primero. Demostrar de primera mano que los libros son otra clase de amigos. ¡Emociónate! Sorpréndete, llora, ríe a carcajadas mientras leas y asegúrate de hacerlo frente a tu víctima.

2.    Déjalo leer

Si el adolescente quiere leer sobre vampiros que brillan o sinsajos rebeldes ¡Déjalo! Que encuentre una lectura que le guste sin meter las narices en sus elecciones. Mi consejo, si luego quieres llevarlo a lecturas más profundos, es que lo acompañes. Deja que haga una primera lectura placentera y luego pregúntale sobre el libro: ¿Qué le parecieron los personajes? ¿Cuál fue su favorito? ¿Por qué? ¿Qué similitud tiene el libro con la realidad? Encamínalo a que reflexione sobre lo que lee.

 

3.    ¡Llénalo de libros!

Lo más importante es que este en contacto con los libros, que los vea como una normalidad en su vida. Sé que la situación económica a veces no ayuda a conseguir una vasta biblioteca, pero hacer el esfuerzo de comprarlos vale por completo la pena. Si lo ves curioseando por las librerías o te pide un libro directamente no se lo niegues. Menos le digas que no lo va a leer. Encontrar el libro de iniciación no es fácil. Todo es prueba y error. No te desanimes si luego no termina algunos libros.

4.    Déjalo no leer

Tan importante es dejarlo leer como dejarlo no leer. No conviertas la lectura en una obligación. Sé que muchos padres están desesperados porque sus hijos lean pero presionarlos no funcionará de nada. Hasta las personas que amamos la lectura a veces necesitamos hacer otras cosas. Mejor preocúpate por relacionar aquello que le gusta con los libros, sin agobiarlo. Si el adolescente juega fútbol regálale una biografía de alguno de sus jugadores favoritos, si le gusta la música dale un libro sobre músicos famosos, contemporáneos o clásicos. Si le gusta pintar ¡Dale un libro sobre pintores! Hay muchos temas hechos libros, no te encasilles a que solo tiene que leer novelas.

5.    Interésate por él o ella

No hay que olvidar que estas tratando con una persona. Los jóvenes no son depósitos para vaciar información, son seres que sienten. Interésate por sus etapas, por sus emociones. Muchas veces estas pueden ser el principio para introducirlos a la lectura. La sensibilidad humana es algo que los libros transmiten muy bien. Sus inquietudes pueden ser respondidas por personajes de libros que pasen lo mismo que ellos. La íntima conversación que se forma no es invasiva, como lo podría ser con un adulto, por eso es importante conocerlos e interesarse.

Finalmente los libros nos construyen de formas diversas a cada uno de nosotros. El libro que a ti te hizo llorar a otro podría hacerlo reír. La personalización de la lectura ayuda a crear esa conexión que cada quien tiene con sus libros favoritos. Sin embargo no hay que olvidar que los libros solo son un medio para abrir nuevas formas de ver la vida, la que se vive afuera de sus páginas

 

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